Mitos y Verdades en el uso medicinal de la “Flor Mágica”

 La pregunta sobre si el tratamiento con cannabis medicinal conduce a la adicción ha generado múltiples dudas. Además, surgen interrogantes sobre si el consumo de cannabis se limita solo a la inhalación y si el CBD es efectivo para mejorar el sueño mientras que el THC siempre produce efectos psicoactivos. A medida que la legalización y regulación del cannabis avanza, se propagan numerosos mitos en torno a esta planta, tanto en su uso medicinal como recreativo. En este artículo, exploramos y desmitificamos los cinco conceptos más comunes sobre el cannabis medicinal, clarificando lo que es verdadero y lo que no acerca de esta innovadora forma de tratamiento.

 

“El uso de cannabis genera algún tipo de adicción”

Es esencial distinguir entre el uso del cannabis con fines medicinales y recreativos. Hasta el momento, no existen datos precisos sobre el riesgo de desarrollar trastornos por consumo de cannabis en el uso medicinal. Sin embargo, debido a que se emplean dosis bajas de THC bajo supervisión médica especializada, la posibilidad de desarrollar tales problemas es prácticamente nula. No se han registrado casos de trastornos por consumo de cannabis cuando se utiliza de manera controlada y supervisada por un profesional médico en tratamientos medicinales.

Por otro lado, en el consumo recreativo, el uso de concentraciones elevadas de cannabis, principalmente THC, puede impactar el sistema de recompensa, la impulsividad, el aprendizaje y la memoria a nivel cerebral. Estudios realizados hace más de cinco años sugieren que aproximadamente 1 de cada 10 adultos pueden desarrollar adicción al consumir altas concentraciones de cannabis, especialmente si comienzan a una edad temprana durante la adolescencia y si hay un consumo frecuente.

En la actualidad, existe una condición médica conocida como «Trastorno por Consumo de Cannabis», que presenta criterios diagnósticos específicos relacionados con el uso problemático de cannabis. Se ha observado que alrededor del 30% de las personas que consumen cannabis de forma crónica y en grandes cantidades con fines recreativos pueden hacer la transición a este trastorno.

 

“Los Cannabinoides solo están en los consumidores”

En muchas ocasiones, se ha planteado la idea de que solo quienes han consumido marihuana tienen cannabinoides en su organismo, lo que refleja el persistente estigma social en torno al cannabis, incluso cuando se emplea con fines medicinales. Sin embargo, la realidad es que todos nosotros producimos cannabinoides de forma natural, gracias a un sistema biológico conocido como el sistema endocannabinoide. Este sistema, descubierto en los años 90, está compuesto por receptores ubicados en el cerebro y los tejidos periféricos, cannabinoides endógenos como la anandamida, y enzimas que los producen y degradan. Funciona para mantener la homeostasis, es decir, el equilibrio interno del cuerpo, y se ha demostrado su implicación en diversos procesos fisiológicos, incluyendo la regulación del estado de ánimo, el dolor, la memoria, el sueño, el desarrollo óseo y la función inmunológica, entre otros aspectos.

 

“El Cannabis es la solución para todos los males”

El concepto de que el cannabis medicinal es un remedio universal para todos los males es simplemente un mito. No es una solución mágica ni una panacea para resolver todos los problemas de salud. En realidad, el cannabis medicinal se ha establecido como un tratamiento específico y útil para controlar los síntomas de diversas enfermedades, como el dolor crónico, la epilepsia refractaria, la esclerosis múltiple, entre otras.

Es crucial entender que el cannabis medicinal no es adecuado para todas las personas y que tiene indicaciones y contraindicaciones particulares. Por ejemplo, pacientes con enfermedades cardiovasculares descontroladas o trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia deben evitar el consumo de productos ricos en THC. Además, los menores de 18 años no deben consumir productos con alto contenido de THC debido al riesgo de afectar su desarrollo neurocognitivo.

Es esencial que la selección del paciente, el tipo de cannabinoides y su método de administración sean precisos y supervisados por un médico especializado en el uso de estas terapias. Solo así se puede garantizar su eficacia y seguridad en el tratamiento de condiciones específicas.

 

“Es la cura para el cáncer”

En las redes sociales y sitios web, es común encontrar información errónea y noticias falsas sobre el cannabis medicinal como una cura para el cáncer. Es importante aclarar este punto de manera precisa: hasta la fecha, no existen estudios clínicos en humanos que demuestran que el cannabis medicinal tiene efectos curativos. Aunque se ha investigado el efecto anticancerígeno del cannabis en estudios preclínicos (en animales y células), aún se necesita mucha más investigación sobre su impacto en la curación del cáncer en humanos.

Por ejemplo, un estudio realizado en España con nueve pacientes que padecían un tipo de cáncer cerebral llamado Glioblastoma Multiforme, mostró signos de reducción en el crecimiento tumoral después de la administración de THC directamente en el tumor a través de un catéter cerebral. Sin embargo, no se observó un impacto significativo en la supervivencia de los pacientes, ya que todos fallecieron a los pocos meses. Por lo tanto, aún no se puede afirmar que el cannabis medicinal tiene efectos curativos en pacientes con cáncer. Esto subraya la necesidad de más investigaciones clínicas para obtener respuestas definitivas sobre este tema.

Lo que sí ha demostrado el cannabis medicinal en pacientes con cáncer es su capacidad para controlar de manera complementaria los síntomas asociados a la enfermedad, como el dolor, la ansiedad, el insomnio, la falta de apetito y los efectos secundarios de los tratamientos como las náuseas y el vómito producidos por la quimioterapia.

 

“El cannabis no tiene efectos secundarios”

Es común encontrar la creencia errónea de que el cannabis medicinal carece de efectos secundarios, pero la realidad es diferente. Tanto el THC como el CBD pueden ocasionar efectos adversos, principalmente relacionados con las dosis administradas. En general, estos efectos suelen ser leves a moderados, y tienden a disminuir con el tiempo a medida que el cuerpo se ajusta a la presencia de estos cannabinoides.

Entre los efectos secundarios más comunes del THC y el CBD se incluyen el mareo, la somnolencia y la sequedad bucal. Es esencial iniciar el tratamiento con dosis bajas y aumentar gradualmente para minimizar estos efectos y lograr los beneficios terapéuticos deseados.

A medida que se aumenta la dosis de THC, pueden surgir efectos más pronunciados como la taquicardia, la ansiedad e incluso la psicosis en dosis muy altas, aunque esto es poco común en tratamientos médicos convencionales. Por otro lado, el aumento de la dosis de CBD puede resultar en efectos secundarios como la diarrea, la fatiga y la hipotensión, y en dosis muy elevadas, se han observado cambios en las enzimas hepáticas.

Es importante destacar que el THC y el CBD pueden interactuar con otros medicamentos, lo que puede provocar complicaciones. Por ejemplo, se debe tener precaución al combinar el CBD con medicamentos antiepilépticos o anticoagulantes. Por tanto, la prescripción y supervisión del tratamiento con cannabis medicinal deben estar a cargo de un médico especializado para garantizar su seguridad y eficacia.

 

¡Toma el primer paso hacia una vida más saludable y equilibrada! Nuestros médicos especialistas están aquí para ayudarte a encontrar el tratamiento adecuado que se adapte a tus necesidades individuales.

 

Fuente:  https://drmaferarboleda.com/mitos-y-realidades-del-cannabis-medicinal-2/

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