Un Viaje al pasado: Explorando la Historia de la Flor Mágica

Desde tiempos remotos, la Flor Mágica ha sido utilizada como un agente para alcanzar estados de euforia. Se encuentran referencias de su uso en un antiguo compendio médico chino, que data del año 2737 antes de Cristo, y su popularidad se extendió desde China hacia la India, el norte de África y Europa, llegando a este último desde al menos el año 500 de nuestra era.

El primer registro directo de la Flor Mágica como un agente psicoactivo se remonta al año 2737 antes de Cristo, en los escritos del emperador chino Shen Nung. Este enfoque se centraba en sus propiedades medicinales para tratar diversas afecciones como el reumatismo, la gota y la malaria, además de, de forma sorprendente, el déficit de atención. Aunque se mencionan sus propiedades intoxicantes, se valoraba más su potencial medicinal. En la India, sin embargo, su uso era recreativo. Los musulmanes también la utilizaban con este fin, ya que el consumo de alcohol estaba prohibido por el Corán. Fueron los musulmanes quienes introdujeron el hachís, cuya popularidad se extendió rápidamente por Persia (Irán) en el siglo XII y el norte de África.

Una Leyenda de Oriente:

Según varias fuentes, el origen de la palabra asesino proviene del árabe hassasin o hashshashin, que se traduce como «fumadores de hachís», una sustancia derivada de la resina del cáñamo. Sin embargo, esta teoría carece de una base científica sólida y es altamente cuestionable. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando existía una secta de musulmanes ismaelitas nizaríes entre los siglos XI y XIII, liderada por Hasan ibn Sabbah, conocido como El Viejo de la Montaña, y sus sucesores. Esta secta, de credo chií, era enemiga tanto de los cruzados cristianos como de los musulmanes suníes, y a pesar de ser numéricamente reducida, logró sembrar el temor entre sus oponentes al especializarse en tácticas de guerra asimétrica. 

¿Cómo lograba El Viejo de la Montaña mantener la lealtad de sus seguidores? El 4 de septiembre de 1090,la orden tomó el control de la fortaleza de Alamut, ubicada en lo alto de una montaña cerca de Qazvín, en el actual Irán. Según la leyenda, empleaban una táctica singular para adoctrinar a sus guerreros: tomaban a jóvenes y los hacían consumir hachís. Al despertar, se encontraban en los jardines de la fortaleza, rodeados de lujos y sustancias. Después de un tiempo, eran devueltos a sus celdas y se les decía que habían experimentado el paraíso, instándolos así a luchar y morir por la causa. Esta práctica los convertía en guerreros fanáticos. La popular saga de videojuegos y película Assassin’s Creed se inspira en esta intrigante ¿leyenda o realidad?

Aquí hay algo que llama la atención en toda esta narrativa, y es el efecto que tiene el hachís desde un punto de vista farmacológico. Si uno conoce a alguien que fuma hachís, probablemente se dará cuenta de que no encaja precisamente en el estereotipo de un asesino despiadado. El hachís contiene una variedad de compuestos, entre ellos el tetrahidrocannabinol o THC, que puede interactuar con ciertas proteínas específicas presentes en ciertos tipos de neuronas del sistema nervioso central. Los efectos principales de esta droga en dosis bajas incluyen relajación, somnolencia, entre otras. Ninguno de estos efectos parece ser el ideal para alguien que busque convertirse en una máquina implacable.Por tanto, desde una perspectiva neurocientífica, la idea de que los consumidores de hachís sean automáticamente «asesinos» no parece tener mucho fundamento.

La verdad es que la toma de la fortaleza de Alamut ocurrió en 1256, y en ese evento se perdió gran parte de la documentación e información sobre la orden. La información que poseemos sobre los hashshashin proviene principalmente de fuentes cruzadas y suníes, lo que probablemente exagere su crueldad y poder, algo común entre aquellos que ganan una guerra. Además, el término «hashshashin» no fue empleado por los propios asesinos, sino que fue una denominación dada por sus enemigos árabes. Este término parece más bien ser un insulto peyorativo que se traduce como «enemigo» o «gente de mala reputación», sin ninguna conexión directa con una droga. La asociación con el hachís parece haber surgido más tarde. Uno de los primeros en llevar este mito a Occidente fue Marco Polo, conocido por su tendencia a exagerar. Además, es importante tener en cuenta que el viajero veneciano visitó Alamut en 1273, 17 años después de su destrucción, lo que sugiere que si vio a alguien consumiendo hachís, no era necesariamente un ismaelita nizarí.

La “llegada” de la Flor Mágica a América

En 1525, los colonizadores españoles introdujeron la flor mágica al Nuevo Mundo. Más tarde, en 1611, los colonos ingleses la llevaron a Jamestown, donde se convirtió en un cultivo comercial importante junto al tabaco, utilizado principalmente como fuente de fibra.

Para 1890, el algodón había superado al cáñamo como el cultivo principal en los estados sureños. Aunque algunas medicinas de la época contenían flor mágica, su presencia era mínima en comparación con el opio o la cocaína. Fue en los años 1920 cuando la popularidad de la flor mágica comenzó a crecer, algunos historiadores atribuyen este auge a la prohibición de otras sustancias. Su consumo recreativo estaba asociado principalmente con músicos de jazz y figuras del entretenimiento. Los clubes de fumadores, conocidos como «tea pads», se volvieron populares en las principales ciudades, tolerados por las autoridades debido a que el consumo de la flor mágica no era ilegal y los clientes raramente causaban disturbios. En ese momento, la flor mágica no se percibía como una amenaza social.

Desde 1850 hasta 1942, la flor mágica figuró en la farmacopea de Estados Unidos y se prescribía para diversas afecciones, como el alivio del dolor en el parto, las náuseas y el reumatismo. Sin embargo, su uso recreativo se hizo común desde la década de 1850 hasta la de 1930. En los años 1930, una campaña liderada por el Bureau Federal de Narcóticos de Estados Unidos intentó presentar la flor mágica como una droga altamente adictiva que llevaría a la adicción a otras sustancias. Aunque algunas autoridades aún la consideran una «droga de entrada», en las décadas siguientes se asoció con movimientos contraculturales, como la generación «beat» en los años 1950 y los movimientos estudiantiles y hippies en los años 1960.

La Ley de Control de Sustancias de 1970 clasificó la flor mágica junto con la heroína y el LSD como una droga de Clase I, lo que significa que tiene un alto potencial de abuso y no tiene uso médico aceptado. Aunque la mayoría de la flor mágica provenía de México en ese momento, la erradicación de los cultivos de marihuana en México a través del uso del herbicida paraquat en 1975 condujo a un aumento en la producción en Colombia. Durante las administraciones de Reagan y Bush, la política de «tolerancia cero» resultó en leyes más estrictas y sentencias obligatorias para la posesión de la flor mágica, así como una mayor vigilancia en las fronteras del sur para combatir el contrabando. Esta «guerra contra las drogas» llevó a un cambio del suministro importado al cultivo doméstico en los Estados Unidos, particularmente en estados como Hawaii y California. A partir de los años 90, hubo un resurgimiento en el consumo de la flor mágica, especialmente entre los adolescentes.

Las culturas Preincas y la Flor Mágica:

La Flor Mágica, como hemos visto, tiene una larga historia de uso en diversas culturas de todo el mundo, Estos usos no hacen ajenas a las civilizaciones pre-incas de América del Sur. Se han encontrado evidencias arqueológicas que sugieren que estas antiguas sociedades la utilizaban en una variedad de formas, que incluían aplicaciones ceremoniales, medicinales y textiles.

En sitios arqueológicos de Perú y Ecuador, se han descubierto pipas de arcilla que datan de períodos anteriores a la llegada de los españoles. Estas pipas contenían residuos de cannabis, lo que indica que esta planta era utilizada con fines ceremoniales o rituales por estas culturas pre-incas.

Además, se han encontrado textiles fabricados con fibra de cáñamo en tumbas de la cultura Paracas en la costa sur de Perú. Estos textiles, que datan de hace más de 2.000 años, muestran la importancia de la planta en la producción de tejidos y textiles en estas sociedades antiguas.

Se cree que el cannabis también tenía usos medicinales en estas culturas pre-incas. Aunque la evidencia directa es limitada, se han encontrado representaciones de plantas de cannabis en artefactos cerámicos y textiles, lo que sugiere que los antiguos habitantes de la región estaban familiarizados con las propiedades medicinales de la planta.

En resumen, el cannabis era una planta versátil que desempeñaba un papel importante en la vida de las culturas pre-incas de América del Sur. Desde su uso en ceremonias y rituales hasta su aplicación en la medicina y la producción textil, el cannabis era una parte integral de la vida diaria de estas antiguas sociedades.

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Fuentes:
https://www.nationalgeographic.es/historia/2019/06/hallan-las-primeras-pruebas-del-consumo-de-cannabis-en-tumbas-antiguas

https://elpais.com/elpais/2018/12/04/eps/1543939513_033228.html

https://www.narconon.org/es/informacion-drogas/marihuana/historia-marihuana.html

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